Tiempos de data, Covid 19 y futuro Orweliano.

Hermann Hidalgo

Por Hermann Hidalgo Bazán, egresado de la Escuela de Publicidad UDP. Máster en Marketing e Investigación de Mercados y consultor especialista en gestión de datos en la industria farmacéutica.

Los datos son el nuevo petróleo” 

Esta frase la hemos visto o escuchado tantas veces que ya la creemos como una realidad. Hoy en día, los datos, o mejor dicho, la gestión de ellos (con diferentes finalidades) dejaron de ser un equivalente a una materia prima y se han transformado en un impecable sistema de control programado para que realicemos acciones de diferente índole.

Si lo aterrizamos al mundo del marketing, muchos consultores, profesores o expertos del tema, nos han repetido con ahínco la importancia del uso de los datos para medir objetivos y controlar de una manera eficiente el rendimiento empresarial. En esta afirmación o advertencia, muchas veces existe una falta de profundidad  sobre el conflicto ético del uso de esta información y del cómo se ejerce un poder muy determinante en el consumidor, pero a la vez, imperceptible por él mismo.

El libro Datanomics, de Paloma Llaneza, explica de una manera muy ejemplificada la gran cantidad de datos que manejan las grandes plataformas y cómo su uso se transforma en la herramienta básica para realizar publicidad en la actualidad. Para tener una noción de la infinidad de datos que Google utiliza sobre nosotros, la autora propone un ejercicio: Ingresar a https://myactivity.google.com/ y https://takeout.google.com/ e identificar cuál es esa información privada que le estamos entregando a Google para poder juzgar por nuestra cuenta el gran control al que estamos sometidos día tras día. 

Datos en tiempo de Covid -19 

Los tiempos inexplicables que vivimos hoy en día, han hecho tomar decisiones “excepcionales” para poder volver a la normalidad (que según algunos autores, como Yuval Noah Harari, dudan que  pueda volver a ser la misma). De hecho, el día en el que escribo esta columna (12 de abril de 2020), en Chile se mantiene un toque de queda y una cuarentena que se ha tomado la vida cotidiana de algunas comunas. Mientras, en España, cumplimos un mes de confinamiento, donde solo se puede ir a comprar bienes básicos (alimentación y medicina) e ir a botar la basura.

Estos estados de excepción se van volviendo cada día más aceptados por la sociedad occidental, entendiendo la idea de que existe un enemigo poderoso (como lo han dicho varios mandatarios en el mundo) y en donde la única manera de ganar es luchar todos unidos sin cuestionamiento y confiando ciegamente en estas nuevas reglas. 

Por lo que hemos visto esta última semana, solo conocemos una fórmula para poder solucionar esta situación y no viene precisamente de occidente. China, ha logrado controlar esta crisis sanitaria(que recordemos que según la información que tenemos, nació en uno de sus mercados) con una estrategia a la cual no estamos muy acostumbrados en nuestros países. Esta solución consiste en un potente control y vigilancia de la población sostenido en el análisis de una gran cantidad de información (Big Data). Este control puede ayudar a reconocer a cada individuo afectado (a través de cámaras de calor) e inmediatamente comunicarle (a través de mensajería instantánea) a él y a todas las personas con las que tuvo relación, su obligación de aislarse y verificar su correcto comportamiento posterior a través de sus dispositivos móviles y cámaras de vigilancia. 

Considerando la agresividad de este desconocido virus, probablemente  y por falta de otras herramientas, occidente se vea obligado a importar este “remedio”, instaurando de esta manera una medida inédita y llena de controversia para poder controlar el virus y en consecuencia, a su población. De ser así esta decisión iría en contraposición a los esfuerzos realizados por la Unión Europea, en la regulación del tratamiento de los datos y la creación de derechos personales en la gestión de la información que generamos diariamente (GDPR).

 No obstante, en el contexto en el que vivimos creo que, en el caso de que ocurra, será complejo poder negarse a esta solución, ya que se plantean tres condicionantes: 

  1. En una situación en donde la vida de las personas está en peligro, como también el orden económico actual, las soluciones deben ser rápidas y eficaces.
  2. Existe una gran presión social para volver a la vida “normal” pre-Covid 19.
  3. Nunca hemos tenido una preocupación real por el uso de nuestros datos.

Aun así, cabe cuestionarse si realmente, entregar nuestra privacidad a cambio de una supuesta protección es la opción más eficaz y segura para hacer frente a una pandemia. ¿Abre esto un precedente demasiado intrusivo aplicable a otros “enemigos en común”?

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