Clase abierta “Vanguardia y Guerra civil en España: Del «arte deshumanizada» al «nuevo romanticismo»

El académico de la Università di Torino (Italia), Francisco José Martín, dictará una cátedra sobre el Vanguardismo de los años veinte y treinta en España, analizando dos obras base del movimiento artístico: La Deshumanización del arte (1925), de José Ortega y Gasset, y El nuevo romanticismo (1930), de José Díaz Fernández.

El jueves 22 de agosto a las 11:30 hrs en el auditorio de la Facultad de Comunicación y Letras, el académico de la Università di Torino (Italia), Francisco José Martín, dictará la clase abierta “Vanguardia y Guerra civil en España: Del «arte deshumanizada» al «nuevo romanticismo». 

En ella, Martín analizará el Vanguardismo de los años veinte y treinta en España, a partir de dos obras base del movimiento artístico: La Deshumanización del arte (1925), de José Ortega y Gasset, y El nuevo romanticismo (1930), de José Díaz Fernández.

Las vanguardias son un fenómeno transnacional, que sufren inflexiones y que también cambian de acento en función del campo cultural de que se trate logrando especificaciones propias. En este sentido, el vanguardismo español, sin negar la centralidad francesa, parisina, del vario acontecimiento vanguardista, tiene dos polos de carácter teórico entre los que se mueven sus distintas manifestaciones. 

Se trata de dos obras de teoría estética que, además, sin serlo, fueron leídas por los jóvenes artistas como Manifiestos del arte nueva, por lo que, en cierto modo, acaso sin quererlo, cumplieron un papel normativo en el arte: La Deshumanización del arte (1925), de José Ortega y Gasset, y El nuevo romanticismo (1930), de José Díaz Fernández. Ambos fueron maestro y discípulo, y si bien Díaz Fernández siempre se reconoció como orteguiano, lo cierto es que su obra es un ataque contundente a la línea de flotación de la teoría orteguiana del arte. 

Ambos textos están en la base de las producciones vanguardistas de los años veinte y treinta en España, alimentándolas con sus respectivas propuestas teóricas. Ambos textos, además, hubieron de tener su peso –como adhesión o rechazo– en los artistas e intelectuales latinoamericanos que visitaron –e incluso vivieron– en España en aquellos años. Todo ello acabó chocando contra el muro de la Guerra civil, dando lugar también a la expresión de dos actitudes artísticas bien diferentes: el artista que promueve un arte desvinculado de la política y la del artista que se concibe como militante.

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